Arqueología prehispánica en Tucumán: entre el pasado remoto y el presente continuo

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Autor: Jorge G. Martínez.

Doctor en Arqueología. Investigador Independiente ISES-CONICET / Instituto de Arqueología y Museo-UNT

El paso del tiempo lo atraviesa todo, cada instante presente ya es pasado y a ese pasado se ligan hechos y muchos tipos de evidencias materiales como artefactos o construcciones. Esta materialidad del pasado en algunos casos puede perdurar por siglos o incluso milenios y es el punto de partida para poder reconstruir antiguos modos de vida de sociedades que hoy ya no existen.

Este es rol de la Arqueología prehispánica, que se encarga justamente de traer al presente hechos y cosas de diversas sociedades de un pasado remoto, para conocer e intentar explicar el estilo de vida de cientos de generaciones a partir de las evidencias materiales por ellas generadas.

Esta interacción pasado-presente es una constante en toda investigación arqueológica ante el hallazgo de cualquier vestigio del pasado, como una vasija o una punta de flecha.

Los arqueólogos, cuando realizamos nuestras excavaciones en un yacimiento prehispánico, hallamos diversas clases de objetos que pueden tener 1.000 o 10.000 años de antigüedad, y en cierta forma nos permiten “viajar” en el tiempo formando parte de un continuo feedback entre ese pasado remoto y el tiempo presente.

Tareas de relevamiento topográfico en sitio Puesto Viejo 2.

A 15 años de haber iniciado las investigaciones arqueológicas en un área inexplorada, podemos confirmar que la zona de El Infiernillo (Tafí del Valle, Tucumán) fue ocupada por grupos humanos desde hace unos 8.000 años (6.000 años a.C.).

Por las evidencias zooarqueológicas recuperadas particularmente en un sector conocido como Quebrada de Los Corrales, sabemos que la caza de guanacos fue la principal actividad de subsistencia de estos antiguos grupos. Dadas las condiciones climáticas de esta zona ubicada por encima de los 3.000 m sobre el nivel del mar, todo indica que estos grupos cazadores armaron sus campamentos durante las estaciones cálidas de primavera-verano.

Si bien no hallamos evidencias de sus viviendas, lo más probable es que hayan sido construidas con materiales perecederos como maderas y cuero los cuales no se preservaron. En las excavaciones realizadas, detectamos restos de antiguos fogones asociados a huesos de guanacos, lo cual nos permite afirmar que los mismos fueron cazados en áreas próximas.

La caza se realizó mediante el uso de dos tipos de armas con puntas de piedra: la lanza arrojadiza y el propulsor de gancho. Estas armas son mucho más antiguas que el arco y la flecha, que recién surge en el NOA hacia 2.500-3.000 años atrás. Las puntas y otros artefactos de piedra fueron hechos para poder realizar distintas tareas como cortar carne, cueros y maderas.

Imagen aérea del sitio Puesto Viejo 2.

Si bien emplearon mayormente rocas disponibles localmente –como la andesita y el cuarzo- también usaron la obsidiana, un tipo de vidrio natural de origen volcánico que procede de las tierras altas de la Puna situadas a unos 200 km de distancia hacia el oeste.

Esto indica claramente que desde hace unos 8.000 años ya hubo interacciones entre gente de los Valles y la Puna, como parte de antiguas redes sociales que sabemos se mantuvieron activas durante milenios.

Hace unos 4.000 años comenzó un complejo proceso de cambio socio-económico vinculado a la producción de alimentos, aunque la caza de animales silvestres siguió siendo importante. Este cambio ocurrió en el NOA y en toda el área andina más o menos al mismo tiempo, y se relaciona con los inicios del sedentarismo en conjunto con el pastoreo de llamas y prácticas de producción agrícola a baja escala.

Tareas de tamizado de sedimentos de excavación.

En la Quebrada de Los Corrales, sobre todo la agricultura en terrazas de cultivo, impulsó a habitar la quebrada de manera cada vez más permanente, lo cual se consolidó hace unos 2.000 años atrás con la instalación de una extensa aldea agro-pastoril, compuesta por casi un centenar de viviendas con fuertes muros de piedra. Algo así como un “paleo-barrio” ubicado a más de 3.100 metros sobre el nivel del mar.

Esta aldea denominada “Puesto Viejo” presenta un patrón de asentamiento de tipo agrupado conformado por casas asignadas al “patrón Tafí”. Se trata de viviendas compuestas por pequeñas habitaciones circulares de 2 a 6 metros de diámetro, dispuestas alrededor de un núcleo o patio central de 10 a 15 metros de diámetro. Este mismo diseño arquitectónico se encuentra distribuido en toda esta zona abarcando el valle de Tafí, La Ciénega e incluso los altos de Anfama, y se considera que representa a grupos que compartían una misma identidad cultural.

Cuenta de collar de piedra zoomorfa (antigüedad estimada 1500 años)

Muy próximo a la aldea Puesto Viejo se registraron numerosos corrales y andenes de cultivo que cubren un área aproximada de 500 hectáreas, los cuales fueron trabajados durante el lapso de ocupación de la aldea Puesto Viejo, probablemente para la producción de maíz y quínoa, debido a que hemos recuperado restos de estas especies en diversos sitios dentro de la quebrada.

En base a recientes análisis de Carbono 14 (hechos en laboratorios de EE.UU.), pudo determinarse que la quínoa y el maíz hallados en la Quebrada de Los Corrales tienen una antigüedad de 3.500 años, aunque su explotación se hizo mucho más intensiva recién cuando surge la aldea hace 2.000 años.

Tareas de excavación en recinto central de la Unidad 3 – Puesto Viejo 2.

Las excavaciones realizadas en las viviendas de la aldea confirman el carácter doméstico de las unidades habitacionales. En las mismas se habrían llevado a cabo diversas actividades cotidianas entre las cuales la preparación, consumo y descarte de recursos alimenticios animales como llama, quirquincho y cérvidos, y también vegetales como maíz, quínoa, algarrobo y chañar, tuvieron un papel principal.

Esta extensa aldea estuvo habitada poco más de 300 años durante la primera parte de la Era Cristiana, y fue abandonada de manera abrupta alrededor del 550 d.C. La hipótesis más probable se relaciona con la ocurrencia de un evento volcánico de gran magnitud en el área de la Puna sur (Catamarca), dado que identificamos una capa de ceniza volcánica en el interior de los recintos centrales de las mencionadas viviendas “patrón Tafí” justo hacia el final de las ocupaciones.

Vista aérea de la excavación del recinto lateral de un vivienda «patrón Tafí» – Diciembre 2019.

La caída de cenizas ocasionó un gran daño ambiental en la Quebrada de Los Corrales, la cual inutilizó el agua de los ríos y las tierras en general, impidiendo las actividades productivas básicas y la vida cotidiana de sus habitantes.

Después del “abandono” de la aldea Puesto Viejo hay un notable vacío de información en toda la quebrada, y sólo detectamos algunas ocupaciones esporádicas hacia fines del primer milenio e inicios del segundo alrededor del 1.300 d.C. marcando el fin de las ocupaciones prehispánicas en la Quebrada de Los Corrales.

Estructura de almacenamiento.

Posteriormente, hacia 1.480 d.C. el NOA sería incorporado al Imperio Incaico, dominando este vasto territorio desde su centro en el Cuzco (Perú). Algunas evidencias de la presencia incaica en esta zona fueron detectadas en el valle de Tafí, pero no en nuestra área de estudio.

A modo de secuencia cultural cabe reseñar la posterior llegada de los primeros grupos españoles a lo que hoy es la provincia de Tucumán, alrededor del año 1.543 d.C. Es evidente que el panorama socio-cultural de los pueblos originarios con que se encontraron los conquistadores europeos al momento de su arribo a estas tierras, es sólo el final de un proceso de desarrollo cultural de miles de años.

También está claro el brusco quiebre que se produjo en este devenir histórico local, a partir de la llegada de los europeos quienes produjeron enormes cambios socio-culturales a una escala continental sin precedentes.

El proyecto ASETUR-Turismo

Volviendo a las investigaciones en la Quebrada de Los Corrales, debemos resaltar que este espacio natural de altura del oeste tucumano fue testigo de un largo proceso histórico de más de 7.000 años, el cual es congruente y recapitula la secuencia cultural prehispánica del NOA en general.

Nuestras investigaciones siguen curso y pudieron tener continuidad durante estos 15 años gracias al financiamiento de organismos nacionales como el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET), la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (ANPCyT) y la Secretaría de Ciencia, Arte e Innovación Tecnológica (SCAIT) de la UNT e internacionales como National Geographic Society.

Parte de los miembros del «Equipo Infiernillo»

Todo este conocimiento científico y el patrimonio cultural asociado sobre el pasado prehispánico de esta área fueron “rescatados” y traídos al presente por la Arqueología. Consideramos que el mismo debe ser resguardado, conservado y difundido a la sociedad actual y futura con el fin de lograr una toma de conciencia acerca del valor testimonial y no-renovable de los sitios arqueológicos como prueba misma de la existencia de antiguas poblaciones ancestrales.

Nuestras investigaciones en la Quebrada de Los Corrales se hicieron y se siguen haciendo en estrecha vinculación y colaboración con la Comunidad Indígena de Amaicha del Valle, con la cual se ha puesto en marcha la concreción de un Centro de Interpretación en el marco del Proyecto ASETUR-Turismo “Primeros habitantes de Tucumán entre cardones y cóndores. Turismo de interpretación del Patrimonio Integral en Amaicha del Valle”.

Fotografía aérea durante tareas de excavación – Diciembre 2019.

El objetivo principal es poner en valor los recursos arqueológicos y naturales de este sector de los Valles, para impulsar así su difusión y al mismo tiempo atraer al turismo. Este Proyecto conformará en definitiva un puente entre el pasado remoto y el presente continuo a través de un Centro de Interpretación que sintetizará el conocimiento resultante de años de investigación científica en esta área.

El mismo será montado en las instalaciones de la actualmente inactiva Escuela de Alta Montaña Nº 342 de El Infiernillo, gracias a un Convenio de Cooperación y colaboración entre el Ministerio de Educación y el Ente Autárquico Tucumán Turismo, en el cual se autorizó el uso de edificio para el mencionado Centro de Interpretación El Infiernillo.

Este Proyecto no hubiera podido iniciarse si no fuera por el enorme apoyo brindado por la Secretaría de Estado de Innovación y Desarrollo Tecnológico (SIDETEC) del Gobierno de Tucumán.

A su vez será muy beneficioso para los pobladores de El Infiernillo en particular y aportará un gran atractivo para los turistas en general así como para establecimientos educativos de nuestra provincia.

Se prevé además del asesoramiento científico para el Centro, la colaboración de nuestro equipo científico en la formación de guías y la puesta en valor de algunos sitios seleccionados para su visita.

Puerta de conexión entre el patio central y un recinto lateral de una vivienda «patrón Tafí».

En definitiva, este Centro de Interpretación será un lugar para que la Comunidad Indígena de Amaicha y pobladores locales compartan el milenario legado patrimonial con los visitantes como así también sus tradiciones vivas y los productos artesanales que elaboran.

Quienes llevamos adelante los proyectos de investigación somos un grupo de arqueólogos, la gran mayoría egresados de la Carrera de Arqueología que funciona en la Facultad de Ciencias Naturales e Instituto Miguel Lillo de la UNT desde 1988.

 

Nuestras investigaciones abordaron el estudio del pasado prehispánico desde múltiples líneas de trabajo, contando en nuestro Equipo con especialistas en arqueobotánica, zooarqueología, tafonomía, pastoralismo, tecnología lítica y cerámica, bioarqueología, paleoambiente, SIG-modelización 3D del paisaje y etnohistoria. La mayoría de los integrantes del Equipo son tesistas de grado y/o postgrado, cuyos aportes y resultados promueven el desarrollo y concreción del objetivo principal de nuestro trabajo orientado a recuperar las antiguas raíces de las poblaciones originarias de nuestra provincia.

Integrantes del Equipo Infiernillo


Jorge Martínez, Nurit Oliszewski, Guillermo Arreguez, Lucinda Backwell, Eugenia Di Lullo, Jorge Funes Coronel, Matías Gramajo Bühler, Andrés Izeta, María Eugenia Naharro, Norma Nasif, Cecilia Mercuri, Rocío Molar, Juan Montegú y Agustín Sastre Illescas.