Cómo afecta a los chicos la enseñanza virtual

88
TÉLAM

La pandemia obligó a las escuelas y a los docentes a repensar las clases y adoptar estrategias de interacción virtual que modifican el proceso de aprendizaje: las consecuencias de este cambio abrupto solo podrán evaluarse en el mediano plazo, afirma Valeria Abusamra. Es doctora en Lingüística y acaba de lanzar el libro “Batería para la evaluación de la escritura”, una herramienta para diagnosticar la comprensión lectora de un chico o de un grado escolar y planificar cómo ayudarlo a mejorarla.

En una entrevista con Télam, la especialista desentraña qué hay de cierto en la idea de que los chicos cada vez tienen más problemas para comprender un texto, y analiza los efectos que la virtualidad y el uso de dispositivos tecnológicos podría tener sobre las habilidades ligadas a la lectoescritura.

– ¿La virtualidad de la enseñanza afecta el aprendizaje?

– Lo primero es entender que se trata de una situación excepcional, que hace que sea difícil medir su impacto sobre el aprendizaje separado de otros factores: la ansiedad, la angustia por la pérdida de seres queridos, el aislamiento e incluso los problemas de conectividad o la vergüenza de mostrar el entorno. Los docentes están haciendo un enorme esfuerzo por contener, acompañar, transmitir contenidos, adaptarse a una modalidad inhabitual para muchos.

Por supuesto que esta situación no es la ideal, especialmente pensando que la lectura, la escritura, la comprensión y la producción de textos son habilidades lingüísticas culturales, que requieren de acompañamiento, de enseñanza y de ejercitación. A leer y a escribir se enseña. Pero también se necesita la instrucción explícita de las habilidades de comprensión y producción de textos. Ya antes de la pandemia, la era de la tecnología dio lugar a dos desplazamientos: pasamos de la escritura a la imagen y del libro a la pantalla. Y, como dice el sociolingüista Gunther Kress, el mundo de lo dicho es distinto al mundo de lo mostrado: si la enseñanza virtual produce efectos o no sobre la comprensión lectora, los vamos a ver en el futuro.

– ¿Cuánto influye el soporte en el desarrollo de estos procesos ligados al aprendizaje escolar?

– Más allá del soporte, la tarea de leer para comprender un texto no pierde su esencia: es compleja. Tengas una computadora enfrente, un celular o simplemente papel hay subprocesos que se ponen en marcha inevitablemente: el vocabulario, el conocimiento del mundo, la capacidad de jerarquizar, la de generar inferencias. Claro que cada soporte habilita ciertos recursos y tiene sus propias características. Uno podría pensar que la pantalla de un celular requiere de una capacidad de memoria más amplia ya que sólo podés visualizar un fragmento de los textos. Pero cuando uno trabaja desde la psicolingüística, este “uno podría pensar” no alcanza. Hay que demostrar experimentalmente lo que nos dicen las presunciones o el sentido común. Y en este campo te diría que todavía no hay datos absolutamente concluyentes.

– ¿Cuáles son las pruebas que plantea su libro?

– Propongo ocho pruebas muy concretas. Tres de habilidades grafomotoras de escritura y reproducción de letras; tres de ortografía de dictado de un párrafo, palabras homófonas pero no homógrafas (es decir que suenan parecido pero se escriben diferente), una copia de un texto con cierta dificultad y dos tareas de producción textual: una descripción y una narración en base a viñetas. En todos los casos apuntan a alumnos de primaria desde el segundo semestre de segundo grado hasta séptimo.

– ¿Qué utilidad tienen?

– Estas evaluaciones le sirven a un psicólogo o psicopedagogo para evaluar o diagnosticar un caso aislado o a un docente para evaluar la comprensión de un curso o grado para tener un panorama y planificar la enseñanza.

– Entonces se puede enseñar la comprensión lectora en la escuela…

– La comprensión lectora se puede ejercitar y no es sólo tarea de la escuela. Todos los adultos podemos desarrollar estrategias para que los chicos comprendan. De hecho hay investigaciones que demuestran que las habilidades prelectura influyen de manera determinante para que luego los chicos puedan comprender un texto. Les es más fácil a los chicos que tuvieron una mayor interacción oral con sus padres. Desde la escolaridad los chicos aprenden vocabulario, lazos de cohesión: no hace falta esperar que fracasen a los 11 años para empezar a preocuparse.

– Entre sus pruebas propone el dictado, una herramienta que las maestras de antaño reivindican porque, dicen, se usa poco en el aula actual.

– Para mí es esencial. Toda la comprensión lectora se pone en marcha en el proceso de dictado. La ortografía, la comprensión. Lo que está sucediendo es que cada vez se hace menos y los chicos están menos acostumbrados, incluso a algunos les cuesta terminar un dictado de 90 palabras que no son más que cinco líneas.

– ¿Puede tener que ver eso con la pérdida de la costumbre de la escritura manuscrita?

– La escritura manuscrita es un hábito que hay que ejercitar. La escritura manual, los trazos de las letras, son conocimientos extras. El aprendizaje de la escritura a mano se fue perdiendo con el tiempo y tiene grandes beneficios para la comprensión lectora, la asimilación de contenidos y el desarrollo de la memoria.

– Pero en la casa y en la escuela se manifiestan las dificultades.

– Cuesta mantener el acompañamiento, sobre todo con los más chicos. Los padres no estábamos preparados para acompañarlos, para convertirnos en maestros.

Fuente: lagaceta.com.ar (actualización dinámica – Tucumán Actualidad).