“No hay que ser inteligente para llegar alto, sino ser organizado y constante”

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Cruzó la calle de la plaza Urquiza hacia el Colegio Nacional “Bartolomé Mitre” con el rostro intrigado. Por un momento dudó de que aquel pasillo de alumnos acordonados que salía desde la puerta hasta la vereda lo esperara a él. Cuando lo vieron llegar los chicos lanzaron una lluvia de aplausos y el rector se acercó de inmediato a recibirlo con los brazos abiertos. El ingeniero Roberto Oscar Cudmani tuvo que hacer un esfuerzo para no soltar las lágrimas, que disimuló con su amplia sonrisa. No se lo esperaba.

El recibimiento de los chicos del colegio de donde él egresó en 1951 lo emocionó más que cualquier otro premio, de los tantos que recibió en su vida. Pasó derecho al salón de actos, adornado con globos blancos y celestes, como toda la fachada del antiguo edificio. Las butacas se llenaron de alumnos de varias divisiones de sexto año. Allí también estaban el rector Raúl Lischinsky y el director de Educación Secundaria, Luis Santillán, cuando comenzó el diálogo con los alumnos, que propició el Ministerio de Educación con su programa “Mi primera escuela”.

Sin libreto ni nada escrito, Cudmani fue hilando retazos de recuerdos con frases que le salían del corazón, a medida que los chicos iban preguntando. “No me acuerdo mucho de esta época, porque han pasado tantos años…”, fue la primera frase que por sincera despertó risas de simpatía. “Lo que sí me acuerdo es que antes de irnos los alumnos dejamos una botella llena de mensajes. Cuando cumplimos 25 de egresados volvimos ansiosos a buscar la botella que habíamos enterrado en el patio del colegio. Pero nos dimos con todo el suelo con baldosas”. Un largo “aaahhh…” lastimero fue la respuesta del auditorio.

Trató de recordar a sus profesores… y apenas logró rescatar algunas imágenes deshilachadas. “El de Geografía. Fosforito, le decíamos, porque era largo y con la cabeza chiquita. Me puso 7 en el primer trimestre. No dije nada porque con eso nos eximíamos. Otro 7, en el segundo … y bueno. ¡Pero en el tercero me bajó a 6! Fue la única materia que me llevé a rendir”, rió con ganas.

“Al de Francés le decíamos Cowboy, porque llegaba al aula y nos saludaba apuntándonos con los dedos como dos pistolas. La de literatura era Pila Iramain y la de Música no me acuerdo, pero me adoraba, ¡claro! porque yo sabía tocar el piano. Había estudiado desde los nueve hasta los 17 años. Y cuando me recibí tuve que optar, o seguir piano o entrar a la universidad. ¡Yo no sabía qué hacer! Hasta que vino uno y me dijo: mirá, ser un pianista famoso es muy difícil, pero si sos ingeniero podés llegar a ser profesor emérito. Y me decidí por la ingeniería y llegué a ser profesor emérito”, volvió a reír.

“Pero no crean que me esforcé tanto, ni me siento un ejemplo de nada. No hace falta ser muy inteligente para llegar alto, la cosa es ser constante y organizado. No es que haya gente más inteligente que otra. En mi caso, yo estudiaba dos horas por día, y nunca pasaba de la medianoche”, confesó. Los chicos lo miraban con atención.

“Un error que creo que cometí es haber trabajado tanto y no haberme dado tiempo para cultivar los amigos que hubiera querido. Yo tuve un gran amigo y compañero de colegio: era Julián Apás, que ya murió. No cualquiera es tu amigo. La amistad es una relación muy profunda. Yo era compañero de Tomás Eloy Martínez. Los dos éramos los mejores alumnos del curso. Una vez vino a Tucumán a dictar una charla, fui a verlo. Me paré frente a él y le dije: ‘hola Tomás’. Él me miró y me contestó ¿quien sos? Mirame la cara, ¿no te acordás? No. ¿Y de nombre? Roberto Cudmani. Tampoco”.

“Es muy bueno tener amigos y un buen compañero de estudio, un pierna que te siga el ritmo, como lo fue para mí Julián Apás”, aconseja este hombre de 83 años, para quien el tiempo pasa inadvertido por su mente y por su corazón. Ya está jubilado de la universidad pero sigue trabajando como ingeniero civil. Contó que con un amigo al que también le gustaba la matemática hacían competencias. Y ahí nomás se enganchó con los juegos matemáticos que tanto le gustan. Los chicos disfrutaron y aplaudieron. “A ver: un avión tarda de Tucumán a Buenos Aires una hora y 20 minutos, y de Buenos Aires a Tucumán 80 minutos. ¿Por qué esa diferencia? Piensan unos segundos. Cudmani aguarda con sonrisa pícara. “¡Pero, claro, si es lo mismo!”, gritan todos.  

Roberto Oscar Cudmani

Ingeniero civil, egresado de la UNT, miembro de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, profesor emérito de la UNT y de la Universidad Católica de Salta, ex docente de la UNT, ex vicedecano de la Facultad de Ciencias Exactas de la UNT, autor de varios libros y becario de la Fundación Alexander von Humboldt.

“Mi primera escuela” 

Un espacio de diálogo intergeneracional 

El proyecto “Mi primera escuela” es una iniciativa del Ministerio de Educación de la Provincia que propicia un encuentro entre personalidades de Tucumán, destacadas por su trayectoria académica, y los alumnos de las escuelas donde concurrieron cuando eran niños. Se trata de un espacio donde los alumnos tengan oportunidad de preguntar a los profesionales que los visiten cómo fue su experiencia en la vida y el camino realizado para llegar a tener éxito en su profesión.

“Se busca destacar el valor de la escuela y de los maestros, como primeros formadores o iniciadores en el recorrido de sus respectivas trayectorias. Esta iniciativa, constituye una estrategia destinada a la comunidad educativa para que movilice y ponga en juego sus experiencias y trayectorias pedagógicas”, dice el proyecto.

Sus objetivos son destacar la función social y protagónica de la escuela y la enseñanza como instancias posibilitadoras del desarrollo personal y social-comunitario.

Participan de la iniciativa hombres y mujeres que concurrieron a escuelas estatales y privadas y llegaron a ser miembros de distintas academias, como las de Historia, Ciencias Exactas y Naturales, de Educación y de Letras, entre otras. Son alrededor de 50 personalidades de Tucumán entre las que se encuentran Adolfo Poliche, Elio Dilascio, José María Rotella, Juan Carlos Veiga, Constanza Padilla, Miguel Marcotullio, María de los Ángeles Peral de Bruno, Carmen Rosa Chemes de Fuentes, Benjamín Moisá, Jorge Bianchi, Leonardo Ploper, María del Carmen Tacconi de Gómez y Soledad María Ardiles de Stein, entre otros. Se visitarán distintas escuelas hasta fin de año y en algunas coincidirán dos o tres académicos.

“Mi primera escuela” 

Un espacio de diálogo intergeneracional

El proyecto “Mi primera escuela” es una iniciativa del Ministerio de Educación de la Provincia que propicia un encuentro entre personalidades de Tucumán, destacadas por su trayectoria académica, y los alumnos de las escuelas donde concurrieron cuando eran niños. Se trata de un espacio donde los alumnos tengan oportunidad de preguntar a los profesionales que los visiten cómo fue su experiencia en la vida y el camino realizado para llegar a tener éxito en su profesión.

“Se busca destacar el valor de la escuela y de los maestros, como primeros formadores o iniciadores en el recorrido de sus respectivas trayectorias. Esta iniciativa, constituye una estrategia destinada a la comunidad educativa para que movilice y ponga en juego sus experiencias y trayectorias pedagógicas”, dice el proyecto.

Sus objetivos son destacar la función social y protagónica de la escuela y la enseñanza como instancias posibilitadoras del desarrollo personal y social-comunitario.
Participan de la iniciativa hombres y mujeres que concurrieron a escuelas estatales y privadas y llegaron a ser miembros de distintas academias, como las de Historia, Ciencias Exactas y Naturales, de Educación y de Letras, entre otras. Son alrededor de 50 personalidades de Tucumán entre las que se encuentran Adolfo Poliche, Elio Dilascio, José María Rotella, Juan Carlos Veiga, Constanza Padilla, Miguel Marcotullio, María de los Ángeles Peral de Bruno, Carmen Rosa Chemes de Fuentes, Benjamín Moisá, Jorge Bianchi, Leonardo Ploper, María del Carmen Tacconi de Gómez y Soledad María Ardiles de Stein, entre otros. Se visitarán distintas escuelas hasta fin de año y en algunas coincidirán dos o tres académicos.

Fuente : http://www.lagaceta.com.ar/nota/734720/actualidad/no-hay-ser-inteligente-para-llegar-alto-sino-ser-organizado-constante.html